martes, 12 de julio de 2016

LAS SIETE ESTRELLAS: RECUERDOS DE DANTE EN FRANCISCO IMPERIAL (Dedicado a Monica Palozz

DANTE ALIGHIERI (1265-1321)

Comencé el año con muchos trajines pero, sin poner pie en el estribo, con las ansias de nuevas escrituras y renovadas o añejas lecturas; con el vivo deseo de escribir y de leer incluso los papeles que me fuera tropezando por el suelo, como nuestro clásico Cervantes. Comencé el año leyendo a los poetas del Cancionero de Baena (siglo XV),en una antología que debo al regalo y cuidado de mi queridísima Sol.

Entre ellos, destaca sin duda Miçer Francisco Imperial, el autor del Dezir de las siete virtudes, en cuyos versos, tan extraños al oído castellano actual como sorprendentes por algunos de los vocablos o expresiones que usa, me llevaron a recordar el luminoso genio de Dante Alighieri, el máximo poeta florentino, el mago del endecasílabo y de los tercetos encadenados (terzine o terza rima, como se dice en italiano, según creo).

Dante, al igual que Francesco Petrarca, modelaron y dieron nueva vida, vita nuova, a la Poesía no solo florentina o italiana, sino de Europa toda. Dante es poeta épico, de narratividad selvática y entrañable amor, aunque también pavor (o paura), por las personas, personajes y todas las criaturas que pueblan sus poemas; el no menos genial Petrarca es claramente lírico y, no en vano, tras los sonetos de su Canzoniere palpitó luego, y tal vez aún palpite, la poesía petrarquista y clásica de todas las épocas que siguieron a la suya, entre Edad Media y Renacimiento.

Pues bien, nuestro Miçer Francisco Imperial, en las estrofas y versos que componen su magna opus, nos deja vivísimos reflejos de la impresión que, sin duda, le causó la lectura de la Commedia de Dante. Así podemos apreciarlo, por ejemplo, en el

Dezir I

Bien commo cuando fablar señores
Quieren en cortes o en los conclaves,
Que dexan la fabla todos los menores,
Asi cesaron por todas las aves
Sones e cantos: despues muy suaves
Bozes espiraron las nobles doncellas,
E para se dezir las razones d'ellas
Ayúdeme Apolo, que a mí son muy graves.

Non vido Aliger tan gran asonsiego
En el escuro limbo espiramentado,
En el grant colegio del maestro griego
Con el Mantuano ser poetizado,
Commo de mostro me paresció cuando
Començó afablar el alto planeta
Con Jupiter junto en bos mansueta,
Commo adelante va metrificado.

Tanta alegria non mostró en el viso
El poeta jurista teologo Dante
Beatris en el cielo, commo cuando quiso
Rasonar el Sol:despues con senblante
De grant affection dixo: «Este infante
Mas que Absalon sea muy fermoso,
En andar e gestos muy asseoso,
Commo Ercoles fuerte sea, e constante.

Pero donde tal vez el poeta español nos dejase un más colorido, emotivo y sentido homenaje a su maestro italiano, a su adorado Dante, fue en algunas estrofas del Dezir II donde, entre otros poetas y entre otras alusiones de clásico sabor literario, nos pinta su encuentro con el Alighieri, apelando a sus lectores y colegas poetas, de forma muy tajante, con palabras tales como las que siguen:

Callen poetas e callen autores,
Omero, Oracio,Virgilio e Dante,
E con ellos calle Ovidio D'amante  
E cuantos escripvieron loando señores,
Que tal es aqueste entre las mejores,
Commo el lucero entre las estrellas,
Llama muyclara a par de centellas,
E commo la rosa entre las flores.

Non se desdeñe la muy delicada
Enfregimio griega, de las griegas flor,
Nin de las troyanas la noble señor,
Por ser aquesta atanto loada;
Que en tierra llana e non muy labrada,
Nasce alas veses muy oliente rosa,
Assi es aquesta gentil e fermosa,
Que tan alto meresce de ser comparada.

Desque volviera a man[o] diestra el rostro,
Vi por la yerva pissadas de omme,
Onde alegre fuïme  por el rastro,
El cual derecho a un rrosal llevóme.
E commo cuando entre árboles asome
Alguno, que ante los [sus] ramos mesce,
E poco a poco todo assi paresce,
Tal vide un omme; muy cortés saluóme. 

          [saludóme, me saludó]

Era en [la] vista benigno e suave
E en color era la su vestidura
Cenisa o tierra, que seca se cave;
Barba e cabello albo sin mesura,
Traía un libro de poca escriptura,
Escripto todo con oro muy fino,
E comenzaba: En medio del camino,
E del laurel corona e centura.

De grant autoridat avia senblante,
De poëta de gran excellencia,
Onde [yo] omilde, enclinéme delante,
Faciéndole conplidareverenoia.
E díxele con toda obediencia:
—Afectuosamentea vos me ofresco,
Et magüer tanto de vos non meresco,
Seyami guia vuestra alta sciencia.

Dióme respuesta en [muy] puro latin:
—«A mí [me] plaze lo que tu deseas.»
Et de ssi dixo en lengua florentin:
«E porque cierto tú más de mi seas,
Vuelve conmigo do quiera que veas
Las síete estrellas, que en el ciel relumbran,
Et esto, fijo, ciertamente creas.»

Aparte de otras muchas cosas, la hermosa descripción que Imperial nos regala del sabio y tenaz poeta florentino (“Era a la vista benigno y suave...”), con sus ropas como de color de tierra o de ceniza (sabe Dios qué ilustraciones vería Imperial donde se retrataba o pintaba a Dante,entre los siglos XIV y XV), con la barba y el cabello blanco sin medida...

Tal vez asistamos a la descripción de un Dante ya anciano en la imaginación de Imperial; un Dante que lleva en la mano un libro 'de poca escriptura', es decir, breve, a juicio del poetaespañol. Breve pero escrito en oro fino, con letras doradas, iluminadas e iluminadoras... No se deja olvidado el detalle del laurel, Dante poeta coronado, que es como se le solía retratar antaño, y aún me figuro que seguirá dándosele esa corona, pues mucho antes que él la llevaron otros, como el poeta medieval Estacio, y otros que le siguieron, como el propio Petrarca.

En España, si no me equivoco, el último poeta coronado con hojas de laurel fue don José Zorrilla, pero tal vez servidor yerre en esto, pues es dato que extraigo de mi memoria y esta falla a menudo.


En suma, el retrato que Imperial le saca a Dante es paralelo al que el propio Dante ofrece de su maestro Virgilio, il mio Duca, su guía. Pareciera como si los poetas se pasaran el testigo, la llama viva de la Poesía, de unos a otros: de Virgilio a Dante, de Dante a Imperial...

Recuerden los lectores que los escritores ya citados, al igual que otros poetas de la ingente producción literaria de Occidente, son como estrellas que iluminan el sendero por el que vienen transitando los pueblos de Europa. Imperial nos transmite su impresión, su lectura, su vissio (visión)de Dante, entre el alucinado sueño literario, tan propio de la Edad Media, y la dura realidad, en semipenumbra y dolor, de la época que les tocó vivir.

Siete estrellas, siete planetas, siete poetas... ¿Cuáles son vuestros poetas favoritos?

Deje el lector de estas líneas, si lo desea, testimonio de sus poetas favoritos y vayan mis torpes palabras enviadas, con mucho cariño, enviadas a la estrella que viene iluminando nuestras recientes escrituras: me refiero al genio bueno, humilde, bondadoso, sincero, sencillo y afable de nuestra querida editora de Pragmata Edizioni, de nuestra deslumbrante escritora, narradora, promotora y amiga italiana, Monica Palozzi.

Brindemos, pues, por Monica, por la Poesía europea (italiana,española, etc) y por las buenas cosas que, de cuando en cuando, nos depara la vida.